Durante mucho tiempo creí que crear una nueva realidad significaba imaginarla con suficiente fuerza.
Actuar como si ya existiera. Sentirla. Comportarme como si ya fuese real.
Y acompañar ese deseo con mantras, cantos y afirmaciones, ritos, hierbas y minerales que se encargaran de mover la energía.
Ahí creí que estaba la magia.
Como muchos, empecé preguntándome cómo crear una nueva realidad, con la sensación de nuevo año, nueva energía, pero sin saber desde dónde hacerlo.
Pero encontré algo distinto.
El movimiento y la transformación de la energía empiezan conmigo y con mi voluntad, si así lo decido.
Eso que llamamos realidad —y mi capacidad de transformarla— está condicionada por el límite de lo que considero posible para mí. Por lo que mi mente y mi amor propio permiten.
Y si la vida que deseo no ha sido posible hasta ahora, no es porque no sea para mí ni porque yo no sea capaz, sino porque mi energía ha estado dirigida a sostener lo que mi mente permite: lo conocido, lo posible.
Aquí aparece una pregunta clave para el 2026:
¿cómo transformar este año —que sea todo lo que deseo— si la vida que imagino parece una fantasía distante?
Transformar tu 2026 requiere apertura mental —soltar el control—, foco, pasión, confianza y dirección.
Doy lo mejor de mí para crear el resultado; no espero el resultado para entregar lo mejor de mí.
Eso es crear desde la conciencia, con intención consciente.
Y mientras descubro los mundos que mi mente puede crear, hoy elijo dirigir mi energía a algo que sí puedo sostener conscientemente: manifestar bienestar.
No como recompensa futura, sino como el estado desde el cual decido vivir, moverme y crear.
Qué mejor forma de crear una realidad que habitarla hoy,
con la claridad de cómo me quiero sentir.
Reconocer las emociones que deseo experimentar
y proyectarlas de manera coherente, alineando cuerpo, mente y espíritu,
para crear esa realidad a través de mis decisiones y acciones.
Puedo no saber cómo se verá la forma final de mi vida,
pero sí sé desde dónde la puedo habitar y crear.
Lo he repetido muchas veces y no me canso de destacar la fuerza de una pregunta sencilla:
¿Cómo me quiero sentir?
Es ahí, en esa respuesta, donde enfoco mi energía.
Cuando dirijo mi energía a la calma, mis decisiones se ordenan.
Cuando la dirijo a la expansión, mi acción se vuelve creación.
Cuando la dirijo a la presencia, dejo de postergar mi vida.
El error ha sido creer que el bienestar es pasajero,
cuando en realidad es un bienestar sostenido que se cultiva al crear sin forzar.
El 2026 no se transforma imaginándolo.
Se transforma dirigiendo tu energía a aquello a lo que decides prestar atención.
Los mantras, cantos y afirmaciones, ritos, hierbas y minerales tienen su lugar.
Pero hoy, el verdadero trabajo está en fortalecer y dirigir nuestra energía personal.
Para todo lo demás, habrá tiempo.





